06/2022

Las políticas de Estado y las políticas de los españoles

Hablamos de la política del Gobierno y de la política de cada uno de los españoles, porque cada persona tiene y lleva a efecto su propia política.

Hablamos de la política del Gobierno y de la política de cada uno de los españoles, porque cada persona tiene y lleva a efecto su propia política.

Las decisiones del Gobierno de la nación son consecuencia también de su propia política, entrando en ello, y en lo que se puede diferenciar de las del resto de opciones de partidos políticos, en la actualidad tres son los principales factores que influyen desde el exterior, en la forma de dirigir y aplicar los recursos de España.

En un principio la pandemia que parece ser ya el menor de los pesares, tras más de dos años de sufrimientos y calamidades públicas, a consecuencia de esa enfermedad trasmitida desde todo el mundo.

La segunda es la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania, dos países proveedores de recursos naturales y bienes económicos de primera necesidad, lo que aparejado a las sanciones económicas, -obligadas para persuadir de lo perjudicial de cualquier cambio de las fronteras de los países mediante una invasión por los Ejércitos-, han llevado a una alta tasa de inflación, principalmente por la escasez provocada por el desabastecimiento de Rusia a terceros países, y a su vez por rehusarse por Europa principalmente, a pagar una guerra comprando al país belicista y agresor.

La tercera es el terremoto provocado por la colisión de las “placas tectónicas” de los países de Marruecos y Argelia, estando España en medio por haber tomado parte en el problema crónico del futuro del Sahara occidental, y apoyar la creación de un régimen autonómico en esa zona, permitiendo el regreso de la población saharaui, pero manteniendo el territorio dentro de Marruecos.

Esta forma de federalismo no ha sido bien vista por los 200.000 saharauis en el exilio, de una población total estimada de unos 600.000 nacionales del Sahara, incluyendo a los marroquíes residentes que ya les superan y que si bien, los saharauis aceptarían la división del territorio entre los dos países, no lo acepta Marruecos, y por contra los saharauis no aceptan un régimen de autogobierno donde serían a la postre, fagocitados por los casi 40 millones de marroquíes.

Y si Marruecos ha sido capaz de ejercer presión sobre España, antigua autoridad administrativa del Sahara, a quien le correspondía facilitar el tránsito a su independencia, Argelia enfrentado igualmente por las fronteras con Marruecos, intenta también ejercer su influencia sobre España, al apoyar la soberanía de los saharauis sobre ese territorio, empezando con amenazar el suministro de gas.

Y entre tanto la inflación que alcanza ya casi el 10% anual, mientras los sueldos no suben lo mismo.

La inflación tiene dos efectos, uno positivo y uno negativo. El positivo es que incrementa el valor de los bienes de los propietarios, mobiliarios o inmobiliarios, y eso hace con el tiempo, si suben los salarios acorde la inflación, que sea más fácil pagar los préstamos, si no está vinculada la cuota, al crecimiento de ésta.

Lo malo, que de primeras se pierde poder adquisitivo, poder de compra, y cuando se compra menos, se retrae la economía, se produce menos, y se necesita por tanto menos mano de obra, lo que se puede trasformar en más desempleo. Y si hay más desempleados, se sigue reduciendo la capacidad de consumo o de demanda.

Pudiendo divisar el futuro inmediato, y a más largo plazo, ahora hay que ver cuál es la dinámica del Gobierno en su toma de decisiones, cuáles son los planes que ya se han adoptado en el pasado, para el desarrollo económico del país, y también para reducir costes, empezando por el importante coste de consumo de recursos naturales, en especial los derivados del petróleo y del gas, de los que España no tiene en cantidad suficiente, y para extraerlos se necesita más dinero del que se emplea pagándolo a terceros.

La invasión de Rusia a Ucrania puede llevar a que Europa deje de estar necesitada de los recursos de ese país, porque los obtenga de otros países integrantes de la misma UE o de terceros.

Hay quien ve una oportunidad en cada desastre, pues España puede producir cereales, como hacía antes con el girasol, por ejemplo, ya no subvencionado por Europa. Y puede contribuir también en la producción de energías renovables o respetuosas con el medio ambiente, en las que nuestro país está destacándose principalmente con la producción de energía procedente del hidrógeno. Además de la procedente del sol y del viento.

La inversión en armamento ha pillado bien a España, pues ha invertido en el pasado en proyectos de ingeniería y fabricación de barcos de guerra y el submarino S-80 y en otros sectores que incluyen helicópteros, medios de protección para los soldados y demás armamento.

Esto es, que la inversión anterior en esa industria o tecnología, que siempre se ha detestado por crear armas y medios para destruirnos, ha dado una ventaja económica a nuestro país ante la necesidad de rearmarse Europa por la real amenaza de Rusia. Y por exigir el propio Estados Unidos a Europa que contribuya más en la defensa dentro de la OTAN, liberando a ellos de algunas de las cargas económicas de este tipo.

Una paridad en lo militar entre EEUU y la UE, sería bueno para el protagonismo de Europa en la estrategia defensiva mundial. Y generaría una industria adicional, que aun no querida, por lo que en sí representa, genera puestos de trabajo y avances en el resto de industrias que crecen en torno a otras utilidades análogas, pero diferenciadas de la defensa, porque de las investigaciones de esas tecnologías, que son aplicables también a las necesidades de la sociedad, se avanza en todo el sector industrial y de creación tecnológica, incluyendo patentes.

Entrando en el problema del Sahara, o mejor dicho en el problema que con el vecino del sur tenemos, no por su crecimiento demográfico, y su creciente importancia económica, sino porque la cercanía conlleva la necesidad de entenderse y favorecer las relaciones económicas y políticas que incluyen la seguridad interna y exterior de nuestro país.

Apoyar a Marruecos en dotar al Sahara de un régimen de autogobierno similar al País Vasco o Navarra, de adhesión de comunidades forales a un ente mayor que conforma la totalidad del Estado, con una relación peculiar pero no por ello disgregadora, podría poner fin definitivo al conflicto, pues no olvidemos que EEUU y la propia Francia, por tal de que España no vaya a más o prospere por encima de lo que en la actualidad es capaz, no están precisamente para favorecer el crecimiento de un nuevo país que, aunque desierto, es rico en recursos naturales.

Parece entonces que por vía indirecta España, podría beneficiarse de una relación sociopolítica y comercial mejorada, y mucho, con Marruecos, que por su apoyo renunciaría a no pocas acciones molestas sobre Ceuta y Melilla, y daría comienzo a un idilio beneficioso para ambos países.

Pero no se contaba con Argelia, un país que tiene incluso mejores perspectivas que Marruecos y aún está más poblado.

Argelia ha visto con muy mal gusto el quiebro de España, -aunque sea la España que representa el Gobierno de Sánchez-, y que ahora en lugar de posicionarse como siempre por facilitar el referéndum que de paso a la creación y reconocimiento del Sahara, como país libre e independiente, -si lo ganaran cuando los marroquíes ya les superan en la región-, apoya la única salida del conflicto que permitiría Marruecos, pues con ello conseguiría la definitiva integridad territorial, aunque por ello reconozca derechos y libertades a los saharauis, pero no un país, para formar su región autónoma, y participar del beneficio de la explotación de sus recursos naturales.

Con el tiempo deduce Marruecos, los saharauis se irían diluyendo o integrándose en la población marroquí, y en lugar de distanciarse como países diferentes, terminarían convirtiéndose a la población mayoritaria, y sentirían también su identidad marroquí, no solo saharaui.

Se puede recelar mucho, y más los saharauis, pero si aceptaran poner en funcionamiento ese autogobierno integrado en Marruecos, habrían dado un gran paso adelante, aunque no sea el que querían, y por ello tuvieran que renunciar a conseguir su propósito sobre el papel, aun podrían cambiar los acontecimientos futuros, o tal vez con el tiempo ya no se verían tan necesitados de ser un país, o tal vez vean que no es tanta la diferencia.

Y es que al final, si no consiguen al menos tocar poder, tener capacidad para autogestionarse, crear su forma de Gobierno, el tiempo los consumirá.

Los españoles de forma mayoritaria, por representar lo que representaron en nuestra historia, queremos un Sahara como país libre, que además adoptara como lengua para el entendimiento exterior o para cohesionar, la castellana, si ello así lo quisieran.

Pero España no tiene poder para poner fin de una vez a esa demanda histórica, porque sabe que aunque lo quiera, no lo puede con la oposición de EEUU principalmente, de Francia, y de la propia Marruecos.

Dejar a los saharauis que vayan extinguiéndose o mal viviendo por décadas, sino siglos, es más cruel que no darles un territorio para que lo pueblen y gobiernen, aunque lo hagan en una entidad superior como es Marruecos, pues los marroquíes serán cada vez más en número respecto a ellos, incluso en el propio Sahara, si no se consolidan ya en su territorio.

Convencer a Argelia, que más vale eso que nada, y que España ni aun queriendo como ellos que el Sahara sea el país de los saharauis, ya no es posible, porque Marruecos tiene la sartén por el mango, porque ocupa el territorio, y no va a contar España con el apoyo de otras mayores potencias. Que ni en Europa cuenta con los apoyos necesarios para plantar cara con todas sus consecuencias a Marruecos, pues es eso precisamente lo que marca la diferencia entre un apoyo de boquilla y un apoyo real.

Ya nos ha demostrado Marruecos, lo necesario que es, no solo para España, sino para toda Europa, y también de lo que son capaces.

El problema que tiene Europa para proteger sus fronteras, contra esa ingente cantidad de personas que quieren entrar para poder vivir tan solo con una mínima dignidad. Es un problema que se tiene que abordar con países intermedios o interpuestos en la frontera europea.

Que ha estado mal que se intervengan teléfonos a miembros del Gobierno, con un programa informático, que se vende a cualquier gobierno, pues ello demostraría que España aún es endeble, y que incluso por arrogancia para demostrar que pueden, nos han dado una bofetada, aunque ahora no sea el momento de tenerlo en cuenta, por uno y otro, cuando se vuelve al idilio entre los países.

Israel también está por en medio, cuando se trata de aprovechar la geoestrategia mundial, en la política de trueque entre países.

De todas formas, el autogobierno del Sahara, no puede ser malo para España, en las condiciones que se convengan, ni para los saharauis. Yo de ellos me aventuraría a explorar lo que puede dar de sí en la mejora de sus condiciones de vida y de autogestión.

Y de las políticas de las Comunidades Autónomas o municipios de España, o de cada ciudadano individualmente ¿qué decir?, pués a lo primero que estamos todos es a la economía. Se traduce todo en beneficio económico o mejoras en la forma de vida, o para algunos también de poder, Sobre todo si ese poder viene de la mejora económica particular. Así que esa es otra guerra interna, la del tira y afloja, y la del que no llora no mama.